martes, 25 de agosto de 2009

Crítica a la película La Zona, de Rodrigo Plá


Este texto no constituye una reseña de la película La Zona sino una crítica destinada a aquellos que ya la vieron, por lo tanto, no me dedico a repasar la trama de la misma y no me preocupo en ocultar elementos reveladores. De todas formas, no vale la pena verla.



Para transmitir el mensaje social de la película La Zona, de Rodrigo Plá, basta con un artículo de media columna en la crónica policial de un diario. La magia del cine radica, en mi opinión, en lograr mediante el lenguaje cinematográfico un compromiso emocional en la audiencia con algún aspecto de la situación expuesta. El poder del cine estaría o bien en la fusión o en la contraposición de dos aspectos; el concepto presentado de manera explícita y la emoción generada en el espectador.


La Zona, a mi juicio, se queda muy corta en este sentido. Por varios motivos. Para empezar, abusa de dos recursos que me resultan bastante desagradables: la cámara en mano y los primerísimos planos. Ambos restringen enormemente la gama expresiva de la película y por tanto la sensación de inmersión del espectador. Ambos parecerían pretender imbuirle al film un aire testimonial o periodístico.


Me atrevería a decir que prácticamente la totalidad de la película está filmada con cámara en mano. Este recurso no es más que un efectismo barato que resulta bastante molesto e impide apreciar la composición de cada toma y las sutilezas de la actuación imprescindibles para generar la ilusión de inmersión en la fantasía del film. Se podría argumentar que esta incomodidad se genera adrede con el propósito de crear cierta empatía en el espectador con la problemática de los personajes, para que de esta forma se comparta la incomodidad que ellos mismos sufren. Sin embargo, el abuso de este recurso lleva a que en vez de eso este sea percibido como una cuestión meramente formal, efectivamente contribuyendo más al distanciamiento del espectador y la historia desarrollada. Incluso en los momentos de más acción de la película, en los cuales podría estar justificado el uso de esta técnica, el resultado es pobre. Esto se debe, en mi opinión, a que la edición en las escenas de persecución o de violencia no logra transmitir la sensación de acción o de movimiento y por consiguiente tampoco de realismo, únicamente contribuyendo a la confusión generada por el abuso de la cámara en mano.


Por otro lado, los primeros planos en los que incurre la película limitan enormemente su expresividad, sacrificando ciertos aspectos de la actuación en pos de un efectismo barato de teleteatro. Este recurso se utiliza en los dos momentos de mayor dramatismo de la película, cuando el ladronzuelo perseguido confiesa al muchacho principal (quien lo filma) y cuando el padre de este muchacho ve esta filmación luego de que el joven ladrón fue ejecutado brutalmente por los habitantes de La Zona. En ambos casos la toma es tan cercana a la cara del personaje que el encuadre no llega a comprender la totalidad de su rostro. Esto, a mi entender, limita enormemente la expresividad de la actuación dado que deja afuera el lenguaje corporal del sujeto. Se me ocurre además que debe ser bastante difícil reproducir de manera creíble el lenguaje corporal de un hombre en un momento de desesperación, por lo que en realidad esta estrategia termina dando la impresión de haber sido adoptada para facilitarle la tarea a los actores.


Además de la deficiencia debida a estos dos recursos estilísticos, la trama de la película y el desarrollo de los personajes son bastante unidimensionales. La historia no resulta más que una serie de permutaciones de elementos ya explorados antes y mejor; una comunidad en la encrucijada entre la autoprotección y el respeto a las normas de la sociedad en la que está inmersa, un policía honesto sumido en un mundo corrupto, etc. Los personajes son rematadamente simples, así como lo es la presentación de las disquisiciones morales a las que se encuentran expuestos. Cada uno de los personajes juega un rol bien claro y establecido, y sus acciones son perfectamente predecibles de acuerdo a este rol.


De todas formas, el mayor error de la película es que en el fondo al espectador le resulta indiferente el destino de cualquiera de los personajes, o por lo menos eso me sucedió ayer en el cine: poco me importaba realmente, a medida que la película llegaba su resolución, el paradero del pibe atrapado en La Zona.


Calificación: 0,5/5.


Por debajo de la calificación aceptable de 1/5. La separa un 0,5 del cero meramente por el hecho de que toca un tema que me resulta más o menos actual para la situación del Uruguay. Supongo.